Señoras y señores, amigas y amigos,
Quiero iniciar mi intervención con un sentido agradecimiento a la Confederación Europea de Sindicatos. No lo hago sólo porque me hayan invitado a acompañarles en la celebración de su undécimo Congreso, lo que, en todo caso, considero un honor singular; les agradezco, sobre todo como europeo y como europeísta, su prolongada aportación a la configuración de un modelo social que constituye la más singular seña de identidad de nuestro proyecto político para el continente.
Es un esfuerzo que han desarrollado durante un largo camino, cincuenta años; pero hoy quiero decirles que no concibo el futuro de esa dimensión social y no contemplo ese fortalecimiento sin una participación de los sindicatos tan comprometida e intensa como la que han venido desplegando desde los inicios de lo que hoy es la Unión Europea.
Nuestro modelo ha pretendido siempre garantizar los valores de la justicia y de la solidaridad; ha promovido la representación y ha asegurado la protección por medio del diálogo social; ha sabido siempre desarrollar esos valores y adaptarlos a las exigencias de las nuevas realidades productivas; ha conseguido hacerlos compatibles con el crecimiento y la modernización de las estructuras económicas, y ha demostrado, finalmente, que esa combinación de crecimiento y derechos sociales resulta ser la más eficaz para proporcionar progreso individual y bienestar colectivo.
El éxito actual y la promesa de futuro contenidos en nuestro modelo social tienen unas profundas raíces en la historia de cada una de las organizaciones que forman parte de la Confederación y a las que ustedes representan. Ése es, particularmente, el caso de España.
España no sería ni siquiera parecida a lo que es hoy sin la tradición de reformas sociales, normas protectoras y lucha por los derechos laborales desarrollada desde la segunda mitad del siglo XIX por las organizaciones obreras.
España no viviría en plenas condiciones democráticas, definitivamente establecidas desde hace ya casi un tercio de siglo, sin mediar la lucha por la libertad que desarrollaron los sindicatos que hoy juegan un papel relevante en su Confederación.
España no atravesaría la prolongada fase de bonanza económica, progreso material y equidad social de que hoy disfruta sin la madurez, capacidad de diálogo y disposición al acuerdo mostrados por los interlocutores sociales, y, en especial, por la Unión General de Trabajadores y por la Confederación Sindical de Comisiones Obreras.
Desde los albores mismos de nuestra democracia recuperada, los sucesivos Gobiernos hemos diseñado, aprobado y aplicado con ellos, con la UGT y con Comisiones Obreras, la legislación española sobre el contrato de trabajo y las condiciones laborales; la libertad sindical y la negociación colectiva; la prevención de riesgos laborales y la protección de la salud de los trabajadores; las políticas de fomento del empleo y la formación profesional; la protección de la maternidad; la seguridad social; el sistema de pensiones; la protección del desempleo; el régimen de los empleados públicos y tantas otras cosas.
En sus relaciones con las organizaciones empresariales han sabido encontrar caminos de negociación y diálogo que están permitiendo, al tiempo, la mejora de las condiciones de vida y de trabajo de los trabajadores, y la contribución de ambos a la modernización y progreso estable del país.
Ésa ha sido una de las bases más firmes y persistentes del modelo global de convivencia que pusimos en marcha hace ahora tres décadas. Es un modelo que ha dado continuos frutos, mucho más intensos y mejor repartidos cuanto más fluido ha sido el diálogo social. Es un modelo que, por el contrario, siempre ha dado síntomas de debilidad en los momentos circunstanciales en que el diálogo se ha quebrado y se ha sustituido por la confrontación.
De esa realidad hemos extraído, unos y otros, las mejores enseñanzas, y sobre esas enseñanzas hemos fortalecido la certeza de que hay que avanzar siempre a partir de las convicciones compartidas.
Por eso, en nombre de todos los españoles, quiero mostrar mi agradecimiento por su decisiva contribución a nuestro éxito colectivo a Cándido Méndez y a José María Fidalgo. Uno y otro prolongan en el tiempo, en dimensión creciente, la acción de nombres míticos en la historia de nuestro sindicalismo. Muchas gracias. Uno y otro simbolizan a todos cuantos, desde sus organizaciones o en conjunción con ellas, han aportado su esfuerzo al avance social. Uno y otro, Cándido y José María, pueden considerarse legítimos protagonistas directos de muchas de las transformaciones modernizadoras experimentadas por la sociedad española.
Compañeras y compañeros,
España es hoy un país de éxito, España es hoy un país con futuro, España está hoy en la vanguardia de las conquistas sociales y España es hoy un ejemplo de lo que se puede conseguir cuando se integran ambición colectiva, cooperación institucional y diálogo social.
España crece económicamente de una manera intensa y cada vez más equilibrada; crea mucho empleo y transforma trabajos precarios en estables; aumenta el salario mínimo e incrementa las pensiones más bajas; legisla sobre la igualdad entre mujeres y hombres; aprueba medidas para conciliar la vida familiar y laboral; implanta un nuevo pilar del Estado del Bienestar al aportar nuevas prestaciones que garanticen la autonomía de las personas dependientes; reduce la deuda y libera de cargas financieras a las generaciones futuras; integra la emigración y reconoce derechos y protección a todos los trabajadores.
Ése es el fruto actual de nuestro modelo nacional, un modelo en consonancia con el modelo social europeo, el que nosotros defendemos y el que defiende la Confederación Europea de Sindicatos.
España concluyó 2006 creciendo al 4 por 100 de su Producto Interior Bruto y ha empezado 2007 creciendo con fuerza, incluso con más fuerza. Prolongamos así un periodo de expansión que dura ya casi década y media, y lo hacemos con una intensidad creciente y mayor que la media del período. En los últimos años hemos crecido más que cada uno de los países del G-7 y hoy somos el octavo país del mundo por la dimensión de nuestro Producto Interior Bruto. Nos hemos situado prácticamente en la renta per cápita media de la Unión Europea, una conquista en términos históricos.
España ha creado en los tres últimos años en torno al 40 por 100 del empleo nuevo de la Unión Europea, casi dos millones y medio de nuevos puestos de trabajo.
Hemos superado los veinte millones de ocupados, casi duplicando los que teníamos hace apenas veinte años. Ello nos ha permitido, y es un dato relevante para nuestro futuro como país y significativo de la evolución de nuestros derechos, que en tan sólo tres años la tasa de actividad femenina se haya incrementado en más de seis puntos hasta alcanzar el 54,8 por 100.
En tres años hemos situado el desempleo prácticamente en el promedio europeo, llevándolo a la tasa más baja desde hace casi treinta años. También aquí nuestro esfuerzo prioritario en el momento presente va dirigido a los sectores con más dificultades en el mercado de trabajo: parados de larga duración, mujeres y jóvenes. Si ya hemos logrado en estos tres años bajar en diez puntos la tasa de paro de los primeros, ahora queremos situar la tasa de desempleo femenino por debajo del 10 por 100 en 2007 y lograr que la tasa de paro juvenil alcance cifras inferiores a la media europea.
En apenas diez meses, desde que firmamos con los interlocutores sociales el Acuerdo de Reforma del Mercado de Trabajo, se han realizado dos millones de contratos indefinidos y se han transformado en estables un millón de contratos hasta ahora temporales.
Hemos aumentando el Salario Mínimo de los trabajadores y las pensiones mínimas en un 25 por 100, con acuerdo social.
Hemos realizado aportaciones crecientes al Fondo de Reserva de la Seguridad Social previsto para garantizar nuestro sistema de pensiones, de forma que hoy cuenta con 40.000 millones de euros, un 4,1 por 100 del Producto Interior Bruto, que se elevará hasta el 5 por 100 al final de la Legislatura, es decir, en 2008.
Con la aprobación de nuestra Ley de Igualdad entre hombres y mujeres, que garantiza igualdad en el trabajo, igualdad en el salario, igualdad en la dirección de las empresas e igualdad en la conciliación de la vida laboral y familiar, hemos abierto una vía por la que, lo digo con orgullo, pueden transitar otros países de nuestro entorno.
Con la aprobación de la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y de Atención a las Personas en situación de Dependencia hemos abierto una nueva página del Estado del Bienestar dirigida, fundamentalmente, a los mayores y discapacitados y a quienes cuidan de ellos, sus familias, y hemos establecido una prioridad que será cada vez más relevante en el futuro dada la evolución de nuestras sociedades.
Compañeras y compañeros,
El horizonte español está hoy despejado.
La Comisión Europea ha saludado el Programa Nacional de Reformas para la aplicación de la Agenda de Lisboa en España. Las previsiones sobre nuestra economía están siendo modificadas continuamente al alza: las modifica la Comisión Europea, las modifica el Fondo Monetario Internacional y las modifican los analistas nacionales. Tendremos en 2007 un crecimiento claramente superior al 3,5 por 100 del Producto Interior Bruto y ese crecimiento, además, mostrará un mayor equilibrio entre sus componentes.
Seguiremos creando mucho empleo, hasta acabar con más de tres millones de nuevos empleos en la Legislatura; continuaremos reduciendo la tasa de paro; incrementaremos aún más la dotación prevista para políticas de gasto social: en Educación, manteniendo tasas anuales superiores al 20 por 100; en vivienda, servicios sociales y promoción social, con tasas similares a las de los tres últimos años, superiores al 17 por 100; y en pensiones, especialmente en las más bajas.
Esta historia de éxito tiene un libreto con argumento fuerte: el diálogo social. Tiene muchos protagonistas, pero ahora es el momento de reconocer el papel estelar de los interlocutores sociales y, en concreto, de los sindicatos. Tiene algunas escenas clave: aquellas en las que hemos conseguido acordar y firmar reformas que garanticen flexibilidad con seguridad.
Gobierno e interlocutores hemos alcanzado en los últimos tres años más de veinte acuerdos. Con ellos hemos favorecido la estabilidad en el empleo y reducido la temporalidad; hemos fortalecido la Seguridad Social; hemos reconocido nuevos derechos a los trabajadores autónomos; hemos reforzado la seguridad laboral y protegido mejor la salud de los trabajadores; hemos promovido la formación continua de los trabajadores a lo largo de su vida laboral; hemos dotado de derechos y protección a los trabajadores inmigrantes, porque en este país decir trabajo es decir derechos y en este país no cabe que esté sometido al fraude y a la clandestinidad con su fuerza de trabajo; hemos promovido la solución extrajudicial de conflictos; hemos impulsado el sistema de atención a la dependencia; hemos pactado las consecuencias laborales y de seguridad social de nuestro común compromiso con el principio de igualdad entre hombres y mujeres, el principio más transformador, el principio más avanzado y el principio que más riqueza genera y más bienestar consigue en las sociedades avanzadas; hemos establecido las bases del régimen jurídico de los empleados públicos; hemos reducido la temporalidad en las Administraciones Públicas y hemos acordado un plan pionero para la conciliación de la vida personal y profesional.
Con los interlocutores sociales abordamos ahora nuevas iniciativas. Es el caso de la inminente Ley para la regulación del régimen de las empresas de inserción, con la que pretendemos favorecer el proceso de inclusión de las personas en situación de exclusión social, facilitando su acceso progresivo al empleo ordinario. Y es el caso, igualmente, de la Estrategia Española de Seguridad y Salud en el Trabajo que, enfocada con carácter transversal, implicará a todos los agentes afectados y perseguirá reducir en tres años, al menos, un 25 por 100 la tasa, la alta tasa, de siniestralidad laboral que padecemos.
Esta historia de éxito concluye con una clara evidencia, una evidencia que desmiente muchos de los prejuicios ideológicos conservadores: es posible crecer y ser más justos; es posible crear bienestar y ser más justos; es posible crear bienestar y que el bienestar llegue a todos, y también a los más débiles; es posible avanzar sin que nadie se quede atrás; es posible innovar con flexibilidad y proteger los derechos de los trabajadores, y es posible reformar y hacerlo con el acuerdo entre los interlocutores. Más bien, es conveniente reformar y es obligado hacerlo con el acuerdo de los interlocutores sociales y, especialmente, de los trabajadores y de los sindicatos.
Tenemos un modelo que funciona (crecimiento, reformas, ampliación de derechos de los trabajadores, leyes para la igualdad y el bienestar social) y eso tiene un común denominador: acuerdo, diálogo y compromiso de todos los interlocutores sociales.
Quiero subrayar que este modelo español se inserta plenamente, es más, considero que es la mejor expresión del modelo social que queremos para Europa; un modelo que los sindicatos europeos vienen identificando con el pleno empleo, con el crecimiento, con el desarrollo sostenible, con los derechos transnacionales para los trabajadores e interlocución transnacional para las organizaciones sindicales; diálogo social en todos los países de la Unión; servicios públicos dignos y Estados de Bienestar de calidad; y, finalmente, medidas constitucionales relativas a la Europa Social.
Se trata de medidas que fueron expresamente adoptadas por la Comisión en el Acta Única Europea, que se reforzaron en el Protocolo de Maastricht sobre política social y que se incorporaron también al Tratado de Ámsterdam; se trata de medidas que tienen un amplio reconocimiento en el Tratado Constitucional, a cuya preparación contribuyó activamente la Confederación Europea de Sindicatos en los trabajos previos de consulta.
El Gobierno de España, como la CES, considera que, con el Tratado Constitucional, Europa ha dado un paso importante, tanto en la identificación y defensa de sus valores sociales fundamentales, como en la proyección de estos valores hacía el futuro. En el Tratado se refuerzan los principios de solidaridad, igualdad, no discriminación e igualdad entre hombres y mujeres, que tienen una extraordinaria importancia en las relaciones laborales. Y en el Tratado Constitucional se reconoce también el papel de los interlocutores sociales y se institucionalizan las Cumbres sociales tripartitas. Asimismo, la economía social de mercado y el pleno empleo aparecen como objetivos de la Unión.
Estamos ahora en un momento decisivo para superar el bloqueo en el que Europa se encuentra. En el debate sobre su futuro se ha llegado a discutir sobre la vigencia del modelo social europeo y, en ese contexto, no están faltando propuestas para una mejor integración de Europa en la nueva estructura globalizada.
El Gobierno español reitera su clara apuesta por la vigencia de los valores del modelo social europeo, que constituye una seña de identidad de nuestra cultura política común; pero no se trata sólo de preservar una identidad con la que nos identificamos con orgullo. Se trata, antes que nada, de reivindicar la eficacia de un modelo que, más allá de sus resultados económicos, prefigura una concepción progresista de la sociedad; una concepción que se está revelando como la mejor para gobernar democráticamente la globalización y para asentar con justicia y equilibrio la modernidad; la concepción más inclusiva, la que integra mejor las aspiraciones colectivas en el mundo en cambio del siglo XXI.
Señoras y señores, amigas y amigos, compañeras y compañeros,
Durante los últimos años esta concepción la han defendido todos ustedes y las organizaciones que representan y se integran en esta Confederación Europea de Sindicatos, a través de un portavoz excepcional, Cándido Méndez. Luchador incansable, pone tanta tenacidad y tanta pasión al servicio de las ideas en las que cree y al servicio de la defensa de los trabajadores, como en el ejercicio del instrumento en el que más confía: la palabra, el diálogo, el pacto.
Lo hace, además, con la sencillez que le proporciona su mejor carácter: ser una persona entrañable. Lo sabemos bien aquí, especialmente quienes, desde el Partido Socialista Obrero Español, compartimos una historia más que centenaria con la organización sindical hermana: la UGT.
Estoy seguro de que en estos años los trabajadores europeos y las organizaciones que ustedes representan se habrán beneficiado de su trabajo, de su presencia y de su dedicación. Nosotros, los españoles, así lo hacemos.
Por eso no me queda sino desear suerte y dar la bienvenida a quien, a partir de ahora, le sustituirá al frente de esta Confederación. Sepan que el compromiso del Gobierno de colaborar y de respaldar a la Confederación Europea de Sindicatos, a la representatividad, al valor social de los trabajadores afiliados, de los trabajadores en ejercicio de sus derechos a través de su representación organizada, es un compromiso firme del Gobierno que presido.
Una sociedad democrática, avanzada y moderna debe ser una sociedad que da voz, que da espacio y que da capacidad de compromiso a quienes representan a los trabajadores para extender sus derechos y para contribuir al progreso general de un país, como hacen los sindicatos españoles.
A todos ustedes que están en este Congreso quiero agradecerles su trabajo y desearles una muy buena estancia en un lugar como Sevilla, pues es prácticamente imposible no tenerla en una ciudad como ésta; agradecerles de corazón su contribución activa, entregada, su contribución pasional para lograr un mundo más justo y más solidario, para luchar contra todo tipo de injusticias y de discriminaciones, allí donde se produzcan: en nuestro país, en nuestra Europa o en cualquier lugar del mundo. Ésa es la auténtica vocación e identidad de un buen sindicalista, como los que integran las organizaciones que aquí están representadas.
El futuro ha de ser un futuro de los trabajadores, el futuro ha de ser un futuro de hombres y mujeres libres, dueños de sus vidas, con amplios derechos; que vivan la condición de ciudadano cada vez con más intensidad. A ese futuro van a contribuir decisivamente todos los sindicatos y la Confederación Europea de Sindicatos, y en ese futuro nos vamos a encontrar, desde luego, con el Gobierno de España.
Muchas gracias.