Discurso del Presidente del Gobierno en la Asamblea de la Junta de Gobernadores del Banco Asiático de Desarrollo

Madrid, martes, 06 de mayo de 2008

 

Señor Vicepresidente segundo del Gobierno y Presidente del Consejo de Gobernadores del Banco Asiático de Desarrollo, señor Presidente del Banco, señores Gobernadores, distinguidos invitados,

Quiero que mis primeras palabras en el día de hoy sean para expresar mi pesar y el del Gobierno de España con el pueblo de Myanmar, afligido en estas horas por el rastro de destrucción y de pérdida masiva de vidas humanas que se han producido en ese país. Deseo firmemente que la solidaridad de la Comunidad Internacional contribuya, decidida y eficazmente, a paliar el sufrimiento de tanta gente y a reconstruir las infraestructuras, servicios y viviendas de un país que precisamente es miembro del Banco Asiático de Desarrollo.

Señoras y señores,

Me satisface mucho poder participar en este acto en el marco de la Asamblea Anual del Banco Asiático de Desarrollo, en Madrid, que hoy concluye.

Sé que a lo largo de estos días se han debatido importantes aspectos ligados al futuro de la región de Asia y Pacífico y a la actividad del Banco. Se han celebrado múltiples reuniones bilaterales entre los representantes de los países y se han desarrollado varios seminarios con asistencia de relevantes personalidades mundiales. Madrid ha servido, por tanto, durante estas jornadas de importante foro de discusión sobre la economía de la región Asia-Pacífico y, en particular, sobre cómo avanzar en el desarrollo económico y social de sus países para eliminar las bolsas de pobreza que aún subsisten.

Les agradezco a todos, sinceramente, su participación en esta Asamblea Anual del Banco Asiático al que España se honra en pertenecer. En un escenario como éste mis palabras serán breves, pero quisiera, al menos, referirme a tres cuestiones a las que mi Gobierno confiere una gran relevancia.

En primer lugar, deseo reiterar que la lucha contra la pobreza y la contribución al crecimiento económico y al desarrollo sostenible de los países más pobres constituye una de las prioridades del Gobierno de España, y lo es porque es una prioridad de la propia sociedad española en su conjunto, que desea que nuestro país contribuya activamente a erradicar la pobreza en el mundo y a lograr condiciones de vida más dignas para todos; desde luego, por ser así de justicia, trasunto de un elemental deber de solidaridad, pero también como forma de preservar el equilibrio y la seguridad de todos en un mundo irreversiblemente globalizado.

Por ello, en mi anterior mandato la Ayuda Oficial al Desarrollo, que incluye también las contribuciones canalizadas a través de los Bancos Multilaterales de Desarrollo, como el Banco Asiático, se ha más que duplicado pasando del 0’22 por 100 del Producto Interior Bruto al 0’5 por 100 presupuestado para 2008. El objetivo para los próximos cuatro años es elevar dicha aportación hasta el 0’7 por 100 del Producto Interior Bruto, situándola en un entorno cercano a los diez mil millones de euros.

Somos muy conscientes también de que estos esfuerzos servirán de poco si no somos capaces de armonizar nuestra ayuda con la de otros donantes y de alinearla con las políticas, estrategias y criterios de los propios países beneficiarios. En este sentido, los Bancos Multilaterales de Desarrollo son un excelente instrumento de coordinación de esfuerzos y de canalización de recursos.

En segundo lugar, quisiera poner de relieve que en nuestra concepción de la cooperación al desarrollo el sector privado tiene, necesariamente, un papel importante que jugar. Tenemos hoy, aquí, representadas a numerosas y muy relevantes empresas españolas, de muy diversos sectores, que han demostrado una gran capacidad técnica y organizativa para actuar en el exterior. Gracias a esa capacidad, han podido establecerse con éxito en los principales mercados mundiales situando a España como el tercer mayor inversor directo del mundo, con el 7 por 100 de la inversión directa total en 2007, tan sólo por detrás de Estados Unidos y de Francia.

La creciente internacionalización de nuestra economía está asociada al profundo proceso de modernización que ha experimentado la economía española en las últimas décadas. La apertura al exterior, la integración económica con los países vecinos, la aplicación de políticas económica rigurosas y la adopción de reformas modernizadoras son, todos ellos, elementos que confluyen para lograr que nuestros ciudadanos disfruten de mayores niveles de bienestar y de cohesión social.

Muchos países de Asia y del Pacífico están aplicando también esta misma estrategia de desarrollo, y con gran éxito, como demuestran las muy elevadas tasas de crecimiento económico que están registrando. En este camino hacia el desarrollo resulta conveniente aprovechar la experiencia y capacidad que pueden aportar los inversores de otros países, y estoy seguro de que el sector privado español puede ofrecer interesantes posibilidades de cooperación y de trabajo conjunto a los Gobiernos, empresas y sociedades civiles de los Estados de la región, así como a las instituciones multilaterales de desarrollo. Espero que así sea.

Por último, me gustaría destacar el papel crecientemente relevante de Asia en la escena económica internacional y la necesidad de que España esté mucho más presente en este continente.

En efecto, las tendencias observadas en su crecimiento económico desde 1980 y, en particular, en la última década son sencillamente impactantes: en los últimos cinco años el continente asiático ha venido aportando ya cerca del 35 por 100 del crecimiento mundial y su peso en el comercio internacional alcanza casi el 30 por 100 del total. Además, la región se ha convertido en un importante exportador de ahorro, ayudando a cubrir las necesidades de financiación de otras economías y contribuyendo a amortiguar las turbulencias del sistema financiero internacional.

Paralelamente, los intercambios comerciales y de inversión de España en los países asiáticos están creciendo a ritmos intensos, aunque se encuentran aún muy por debajo de su umbral potencial. La inversión española acumulada en la región desde principios de los años 90 asciende a 2.300 millones de euros, una cifra modesta; pero su evolución es muy positiva, ya que tan sólo en 2007 se invirtieron 750 millones de euros, un tercio de ese total acumulado.

No tenemos ninguna duda al respecto: a la vista del gran dinamismo de las economías asiáticas y de sus perspectivas tan prometedoras, Asia es y debe continuar siendo una opción preferente en el proceso de internacionalización de la economía española.

Todo ello explica que mi Gobierno haya puesto en práctica en los años inmediatos pasados un ambicioso Plan de acción Asia-Pacífico, destinado precisamente a asegurar la presencia de España en una zona del mundo que, en términos económicos, pero también políticos y estratégicos, marcará el futuro del Universo.

Nuestra estrategia hacia Asia y el Pacífico no se limita a la promoción de nuestra presencia empresarial. Asia constituye ya un centro de gravedad del equilibrio mundial, representa un esfuerzo que sintoniza con los deseos de muy variados sectores de la sociedad española de que la dimensión asiática sea en los próximos años, junto con la latinoamericana, la europea y la mediterránea, una de las claves que determinen la posición internacional de España como potencia con intereses globales.

Con el Plan de Acción Asia-Pacífico, el Gobierno ha logrado que Asia se haya situado definitivamente entre las prioridades de nuestra política exterior. Estamos realizando un esfuerzo, que no tiene precedentes, para abrir nuevas Embajadas. A las dos nuevas ya en funcionamiento, Kabul y Wellington, se acaba de crear la de Dacca y se añadirán próximamente otras dos: Nhom Pehm y Colombo, lo que supone un aumento de un 40 por 100 de nuestras Embajadas en la zona desde el inicio de la Legislatura. A ello hay que sumar los Consulados Generales, Oficinas Comerciales, Consejerías de Defensa o Interior, y la apertura de seis Institutos Cervantes, de los que ya se ha inaugurado el de Pekín, está en funcionamiento el de Tokio y se abrirán próximamente los de Sanghai, Seúl, Delhi y Sydney.

Estamos, pues, traduciendo en acciones prácticas nuestro convencimiento de que la proyección de España en Asia y el Pacífico es uno de los activos con más futuro de una política exterior que, como la española, tiene una vocación de globalidad y de pragmatismo.

En resumen, señoras y señores, si combinamos los tres factores que he querido resaltar, esto es, que la cooperación al desarrollo es una prioridad del Gobierno español, que contar con el sector privado es clave en las estrategias de desarrollo y que Asia y el Pacífico son una apuesta estratégica de España, obtenemos una conclusión: sólo cabe esperar beneficios para todos a partir de una interrelación creciente entre nuestros Gobiernos, empresas e instituciones, incluyendo de modo destacado al Banco Asiático de Desarrollo como puente entre todos ellos.

Reiterando mi agradecimiento por su presencia en Madrid y por el éxito de esta Asamblea, les deseo a todos ustedes lo mejor y muchas gracias.

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